La formación de la cultura cívica en la familia País García

Autora: MsC. Bertha Poveda Santana. ISP Frank País García

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La reflexión en torno a la formación del ciudadano (a) del siglo XXI, adquiere enorme importancia y actualidad, habida cuenta, de que los modelos educativos y culturales tradicionales no satisfacen las demandas de la sociedad actual y su proyección futura. Con el advenimiento del período posinsurreccional, en la sociedad cubana, se han sentado las bases para el fomento de una cultura cívica de progreso y humanismo, llamándose la atención acerca de la necesidad de construir un civismo de nuevo tipo, sin que pueda ser eximida de las contradicciones propias de un proceso de cambios, con la presencia de factores internos y externos, que han dejado su impronta en todas las esferas de la vida social.

Los agentes interventores en la formación de la cultura cívica, son múltiples e involucran a toda la sociedad, resultando incuestionable el papel de la familia, en tanto grupo social más cercano y representativo en el desarrollo de la personalidad y espacio de concreción de las particularidades de la cultura en un organismo social. El proceso mediante el cual la familia inculca los valores y la conducta ciudadana, no se produce de forma lineal y unidireccional, por el contrario, es un proceso complejo y contradictorio, preñado de interacciones y mediaciones externas en las que el sujeto construye su subjetividad y su sentido de la vida. Si bien se requiere la transmisión de la herencia cultural, de los valores universales y la memoria histórica, propiciando el crecimiento espiritual de los más jóvenes, también constituye un requisito indispensable la promoción de su participación creadora y activa en la construcción de los significados, en correspondencia con su tiempo y el contexto social en que se desenvuelven.

La ruptura con patrones culturales tradicionales, sin que se haya producido la aparición y/o maduración de otros sustitutivos, en avenencia con los objetivos socialmente deseados, apunta a la necesidad de la búsqueda de referentes en el legado histórico de familias cuya función educativa rindió frutos en las virtudes y normas conductuales de sus miembros, mostrando el camino de un complejo proceso de continuidad, sin el cual, no resultaría posible la consolidación de una cultura cívica asentada en el carácter humanista universal y en la herencia histórico­ cultural de nuestro pueblo.

En tal sentido, la indagación y divulgación del ejemplo formativo de la familia País García, representa un valioso aporte a la formación cívica de las nuevas generaciones, en tanto es portadora de un contenido referencial de importancia dual, al conjugarse las particularidades de un contexto familiar concreto en la formación de la cultura cívica, con la herencia cultural rescatando nuestra memoria histórica. Al abordar el tema, la aspiración cimera de la autora, radica en hacer tangible un modelo formativo incentivando la reflexión acerca del insustituible rol de la familia en la formación del ciudadano (a) que reclama el presente milenio.

El estudio de la vida familiar de los País García, fortalece el espíritu rebosándolo de admiración y respeto, al tiempo que se ponen al descubierto los resortes de un modelo formativo capaz de explicar la integralidad, el apego a los principios y la profunda sensibilidad de sus miembros. La reconstrucción del ámbito familiar a través de un proceso analítico de testimonios publicados y de la literatura dedicada a la vida y obra revolucionaria de Frank y Josué País García, tempranamente elevados a la inmortalidad, advierte al investigador de la presencia de una educación consciente, rigurosa y afectiva, condición imprescindible para la construcción de una cultura cívica proyectada hacia el futuro.

Los horcones de la familia, radicados en Cuba, por razones diferentes, sustentaron la educación de los hijos en el ejemplo personal, la comunicación dialógica, el rigor, la cooperación y el afecto, creando un clima de armonía y seguridad. El padre, Reverendo Francisco País Pesqueira, Pastor de la Primera Iglesia Bautista de Santiago de Cuba, emigró perseguido por su fe religiosa, cuando oficiaba en unaprovincia de la España furibundamente católica. De la integridad de su carácter, su comportamiento cívico y la amplitud de sus conocimientos, fueron garantes los que le con0ocieron y aprendieron a admirarlo y respetarlo. El sentimiento patriótico hacia su patria adoptiva, se puso de manifiesto cuando ante el alborozo por el nacimiento de Frank Isaac, hizo referencia a la coincidencia de la fecha del 7 de diciembre, día luctuoso para la Historia de Cuba, por la caída de Antonio Maceo, avizorando que su hijo sería un gran patriota.

A la madre, Rosario García Calviño, procedente de Marín, pueblo pesquero de la provincia de Pontevedra, España, su origen humilde y la constante lucha por la subsistencia, le hacen venir a Cuba con la esperanza de mejorar su situación económica y prestar ayuda a su familia, tras la muerte del padre y cuando aún rebosaba juventud. En la labor como asistente doméstica en la Primera Iglesia Bautista, conoce al Reverendo Francisco País, quien admiró y apoyó sus ansías de superación, hasta que la tenacidad y la inteligencia le permitieron convertirse en organista del templo. Fue tanta la dedicación, el despliegue de sus virtudes y cualidades humanas, que el Pastor, al enviudar, le solicitó matrimonio, el cual, una vez consumado y tras varios años de unión, fructificó con el nacimiento de Frank, Agustín y Josué. El anciano y orgulloso padre, muere cuando sus hijos eran aún muy pequeños (Frank de 5 años, Agustín de 3 y Josué con poco más de 1)

Aún cuando la simiente de un hogar ordenado, pulcro y digno fue sembrada por ambos padres, desde la primera infancia, el innegable desempeño de la madre, abruptamente convertida en jefa de familia, la convierte en paradigma para las presentes y futuras generaciones.

Al aquilatar el valor de la labor educativa de la familia País García, es necesario apelar a la memoria histórica y hacer un recuento de la situación de abandono socio­económico y político en que se encontraba la nación cubana, sometida a un sistema republicano dependiente de una potencia extranjera y gobernada por políticos insensibles, corruptos y oportunistas. No es difícil colegir la cuota de sacrificios y sufrimientos que tuvo que enfrentar la madre, para educar dignamente a sus hijos, sin garantías ciudadanas, sin seguridad social, sin servicios médicos gratuitos, con el imperio de relaciones patriarcales, reductoras del papel de la mujer en la vida social, en medio de la abulia de los poderosos. Solo el altruismo de los fieles de la Iglesia, acompañó a Doña Rosario y a sus hijos con pequeños y esporádicas ayudas procedentes del fondo de beneficencia.

El proceso socializador, desarrollado en la familia País García, respalda un modelo de construcción de la cultura cívica, contemplando las dimensiones cognitivas, identitarias y conductual, que la integran desde una visión sociológica integradora. Desde el punto de vista cognitivo, se puede apreciar la formación de valores cívicos (responsabilidad, solidaridad, patriotismo y respeto) exhibidos en la vida cotidiana y en el ámbito público. La madre u sus hijos compartían las tareas domésticas, se distribuían responsabilidades y mantenían el orden y la pulcritud en la modesta vivienda. La jerarquía de poder, centrada en la madre, pero compartiendo la autoridad con Frank, en calidad de hermano mayor, en una formación consciente, sistemática, donde el componente afectivo y el respeto prevalecieron en las relaciones interpersonales.

Las limitaciones económicas no impidieron a la madre privilegiar la preparación profesional de sus hijos, compulsándolos y apoyándolos, solicitando becas, hasta lograr que Frank y Agustín se graduaran de maestros y Josué de bachiller en ciencias, una verdadera proeza para los vástagos de una familia humilde en aquella sociedad. La preocupación por los estudios no descuidó la formación socio­laboral. Frank y sus hermanos dedicaban parte de sus vacaciones en pintar, reparar y mantener en óptimas condiciones las humildes casas de alquiler con que garantizaban el sustento familiar.

La formación religiosa no obstaculizó la transmisión de conocimientos cívicos, de los deberes y derechos ciudadanos y el rechazo a las injusticias y la discriminación de clase, sexo o raza, a todo lo cual, se enfrentaron desde pequeños. A pesar de los fuertes perjuicios patriarcales, recibieron una educación de género, que les permitió compartir las tareas hogareñas y tratar con sensibilidad y respeto tanto a hombres como mujeres.

La dimensión identitaria se expresó en una educación patriótica, amante de las tradiciones, de la historia y de los héroes. Es conocida la devoción de Frank por José Martí, recurrente en sus lecturas, en sus prédicas, en su labor pedagógica y en su proyección política. El comprometimiento con el cambio de la situación del país, constituye la mejor expresión de la identificación con la nación. No resulta desestimable la identidad familiar, el sentido de pertenencia y las relaciones afectivas que Doña Rosario y sus descendientes cultivaban cada día. Ella al piano rodeada de sus hijos entonando una canción o en la distribución de las tareas para el bienestar común o en el cuidado y agasajo a la madre, más con los recursos del amor y el respeto, de una elevada espiritualidad, que en el sustento material.

En la dimensión conductual se concretan las virtudes y los desvelos de la educación recibida. La observancia de la normatividad, la eticidad, la incorporación de valores cívicos al comportamiento social, alcanzó la cima en la participación crítica transformadora de la sociedad, lucha por la cual Frank y Josué ofrendaron sus preciosas vidas. En la familia País García, el pensamiento cívico humanista y patriótico encontró correspondencia en la acción, tanto desde las posiciones del civismo como en las manifestaciones de la civilidad, porque la cortesía, la urbanidad, el trato respetuoso y afable los distinguió dentro y fuera del espacio familiar. El ejemplo personal de los padres, marcó a sus descendientes, que no observaron contradicciones entre las normas educativas y la conducta.

La familia cubana actual, en franca etapa transicional, tiene en el ejemplo de la familia País García, un modelo concreto de enfrentar la educación de los hijos. El incremento de los grupos familiares monoparentales, no pocas veces, justifica la presencia de deficiencias educativas y culturales en los jóvenes, lo que no debe ser absolutizado. El ejemplo de la familia País García, adquiere en este sentido un gran valor referencial.

Por imperativos de la vida, Doña Rosario, se convirtió en una madre sola, jefa de hogar con hijos pequeños, en medio de una sociedad injusta y devastadora. No obstante, se impusieron el amor, los principios, la entereza moral. En el seno familiar los hermanos encontraron y construyeron una riqueza espiritual, ética y cívica, que los convierte en un ejemplo paradigmático de formación de la cultura cívica, demostrándose, que aún en las difíciles condiciones en que les correspondió vivir, fue posible el desarrollo de una personalidad plena enfilada al futuro, teniendo como fortaleza un contexto familiar funcional y armónico.

Padres, maestros, trabajadores sociales y otros agentes socializadores, encontraremos en el ejemplo imperecedero de la educación familiar de los País García, un valioso referente, expresión de la continuidad histórica de las potencialidades de la familia cubana, como contribución al perfeccionamiento y crecimiento de su función educativa cultural, a tono con las aspiraciones de una sociedad de justicia, equidad, elevada cultura y convivencia armónica.

 

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